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Negativos del grabado

"Los maestros del Arte Gráfico italiano. Matrices de los siglos XVI al XX de las colecciones del Instituto Central de Gráfica de Roma", así se tituló una muestra realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes durante el 2015.  Allí se pudieron ver expuestas las matrices de metal que permiten el traslado de las ilustraciones al papel. Esta reseña intenta reponer aquella experiencia de expectación.

Una vista del Coliseo, Giovanni Battista Piranesi.

Contrariamente a lo que se espera al ingresar en la sala de un museo, ver expuesto el resultado del trabajo artístico, en la muestra Los maestros del Arte Gráfico italiano que presenta el MNBA en estos días, el espectador se enfrenta con la cara inversa de las obras, con sus negativos, esas matrices de metal que se utilizarán para estampar la imagen sobre un soporte. El brillo rojizo del cobre sobre el que relucen las incisiones dejadas a su paso por el buril juega con los destellos de luz que van dibujando fragmentos de una imagen, siluetas retaceadas en el claro-oscuro de los surcos y las partes lisas. Así, trasladando la mirada sobre lo que se ofrece a la contemplación, van saliendo de esa capa de luz y de sombras los trazos de una obra: alegorías mitológicas, ruinas de viejas construcciones romanas, frescos de grandes pintores del Renacimiento, naturalezas muertas, composiciones abstractas.

El arte del grabado ha sido, durante siglos, la cantera de los archivos icónicos. El copiado de las obras artísticas y su circulación en cientos de ejemplares iguales y repetibles permitió, a partir del siglo XVI, no sólo la difusión del nuevo estilo mimético y de la perspectiva renacentista sino que facilitó además el contacto de pintores, escultores, arquitectos, críticos y coleccionistas con las producciones plásticas de otras regiones de Europa. Posteriormente, durante el transcurso del siglo XVIII, esta técnica de reproducción artesanal actualizó las ruinas de la antigua arquitectura y estatuaria romanas, transformando en moda lo que luego la historia del arte identificaría como Neoclasicismo. En este sentido, resulta ilustrativo el trabajo de Giovanni Battista Piranesi (1720-1778), quien reproduce en tres dimensiones la silueta imponente del Coliseo, enmarcada por calles de tierra, árboles y un arco de triunfo esbozado al fondo de la composición. Otro tanto ocurre con las copias de Rafael hechas por Giovanni Volpato (1735-1803). El grabado en su función de “traductor” de obras de arte encuentra en La expulsión de Heliodoro del Templo, uno de los frescos pintados por Rafael para las Estancias Vaticanas, un ejemplo claro de ajuste fidedigno al modelo pictórico, casi como si la propia técnica fotográfica hubiera estampado su sello tecnológico sobre la superficie de la matriz.

Instituida en 1738 por el papa Clemente XII, la Calcografía de la Reverenda Cámara Apostólica confluye en 1975, junto con el Gabinete Nacional de Estampas, en el actual Instituto Central de Gráfica de Roma. Dedicado a la promoción de este arte de la copia, tanto del denominado grabado “de traducción” de obras de arte como el “de invención”, el instituto constituye un importante centro de experimentación de todas las técnicas, directas e indirectas, como el buril, la punta seca, el aguafuerte, aguatinta, manera negra y otras. La muestra que presenta actualmente el MNBA propone un abanico heterogéneo que abarca desde las matrices de Marcantonio Raimondi (1480 ca.1534), primer impresor del grabado en serie y activo difusor del arte renacentista, hasta las propuestas del futurismo de Carlo Carrá (1881-1996) o las despojas naturalezas muertas con botellas y jarras de Giorgio Morandi (1890-1964).

Con la curaduría local de Ángel Navarro y exhibida en las salas 11, 12 y 13 de la planta baja del Museo, la muestra expone las láminas de cobre enmarcadas en el formato tradicional del cuadro-ventana. Algunas matrices van acompañadas por la obra estampada a su lado, de modo tal que pueda apreciarse el efecto del negativo sobre el soporte. Los grabados están dispuestos a partir de un recorrido cronológico, y en las paredes de las salas un texto informativo contextualiza las producciones y aporta datos acerca de las posibilidades técnicas del género.
Sebastián Bianchi 

Plancha para el grabado del Rinoceronte de Durero.

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